lunes, 20 de octubre de 2008

Ayer fue un tarde cultural, de ésas qe te ponen las neuronas a doscientos y te dejan intuir la capacidad de generar una opinión propia.
Yo no soy una persona a la que le gusta emititr juicios de valor en cuanto salgo del cine o del teatro. Me gusta que repose la experiencia en mi interior y que una vez atemperada de emociones, la recuerde y la sopese con calma.
Ayer, mientras hacíamos tiempo para ir a ver La Tortuga de Darwin (gracias, Rafa) entramos en el cine para encontrarnos con esta pequeña gran joya del cine español.
Y salí del cine emocionada. En todo momento procuré calmar mis sentimientos y disfrutar de su excelente factura técnica. Pero es que desde los primeros diez minutos, a uno se le coloca un nudo en la garganta que aprieta más a medida que avanza la desventurada vida de la niña Camino y no quieres ponerle nombre a esa sensación pero corresponde a una mezcla de rabia, impotencia y dolor mucho dolor.
Ya sabemos cómo se las gasta la Iglesia en este país y el Opus dei esa secta ultracatólica conservadora para mayor loa de las arcas eclesiales y demás brazos derechos de la Iglesia.

No quiero critircar algo que no sólo merece crítica sino su desaparición por muchos motivos dañinos, es mejor cotejar sus idearios en sus modernísimas páginas web.
Sólo baste resaltar la belleza de la pequeña Camino, la mirada de la niña ante el primer amor (ése que no se olvida y nos marca para siempre) y la mirada de un padre incapaz de frenar la voracidad de la obra.

He encontrado una crítica muy interesante en el blog de Alex de la Iglesia
Pero dejemos hablar al director Javier Fesser

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