jueves, 17 de julio de 2008
!Por fin ha llegado el verano¡ por fin dispongo de algo de tiempo para dedicarme a uno de los mayores placeres que he conocido desde mi más tierna infancia: la lectura.
Llevo un par de días dando vueltas y absorbiendo un libro al que tenía ganas: Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke. Dirigidas al entonces, joven artista, Franz Xaver Kappus entre 1903-1906, éstas es una de esas obras imprescindibles para el ser humano por múltiples motivos. El más vacuo por su brevedad y el formato epistolar que hace que te lo leas en dos sentadas. El segundo, porque contiene una prosa sincera y vibrante por la que no pasan los siglos, es más, parecen las palabras de ese amigo sabio que todos desearíamos tener (y que no encontramos) y que terminan anidando en nuestra verdad, esa verdad que nos distingue y afianza del resto de seres humanos. Pero este libro resulta aún más imprescindible para el artista o quien desee sentirse así. Directo, apasionado, desencantado a veces pero siempre vitalista con quien supo del arte y supo que el arte es un trato íntimo entre el hombre y su dios.
Os dejo un fragmento, de las innumerables perlas preciosas que podría rescatar. Sirva de paso, para hacer una crítica a lo críticos convirtiendo en paradoja todo lo que he escrito hasta ahora.
"... lea lo menos que pueda de cosas estético- críticas: o son opiniones partidistas, petrificadas y vaciadas de sentido en su endurecimiento contra la vida, o son hábiles juegos de palabras, en que hoy se saca una opinión y mañana la opuesta. Las obras de arte son de una infinita soledad, y con nada se pueden alcanzar menos que con la crítica. Sólo el amor puede captarlas y retenerlas, y sólo él puede tener razón frente a ellas. Dése siempre la razón a usted mismo y a su sentir, contra todas esas estipulaciones, disquisiciones e introducciones: aunque no tenga razón, el natural crecimiento de su vida interior le llevará, despacio y con el tiempo, a otros reconocimientos..."
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