martes, 17 de noviembre de 2009

Aquí estoy, medio en brumas porque anochece rápido dándome de cabezazos con el teclado en busca de las palabras que en fin a nuestra obra.
Quedan tres escenas... sólo tres pero qué largas se me están haciendo.

La palabra como un animal esquivo y desconfiado que nos olisquea las manos en busca de comida pero que huye a la carrera cuando se siente amenazada. Y claro, para que se quede hay que tener el pulso verdaderamente firme.
 
Voy a ver si nos reconciliamos.

lunes, 6 de octubre de 2008


¿PARA QUÉ DEMONIOS SIRVE UN DRAMATURGO?

Nadie sabe lo que son, nadie parece necesitarlos (quien no sale en la tv. no cuenta)
En las entrevistas de trabajo se despiporran cuando leen el cv. ¿drama qué?
Los padres nunca tienen claro a qué pretende dedicarse la niña, los amigos cambian de conversación cuando surge algún comentario en torno a un proyecto o un proceso de escritura, el resto de teatreros opinan en inmensa mayoría que podrían hacerlo mejor (sobre todo actores)
Los profesores de tu propia especialidad enseñan los dientes si les pides consejo profesional o les pasas un texto, la pareja empieza a generar coletillas que empiezan por... ¡no te pongas dramaturga! (cómo si supiera qué es eso)
Una opción que a priori parece válida para darse a conocer y por el dinero es la de los certámenes o concursos pero ay! en la inmensísima mayoría deben ser textos inéditos por completo, sin estrenar, sin ensayar (ni el patio de vecinos) y toditos para ellos. Horas de trabajo en juego y una sola carta (no siempre limpia)
Nadie nunca supo de una oferta laboral -retribuida- que requiriera uno.

Colaboramos, aconsejamos, suministramos trabajos académicos... pero ni un euro, amigos.

La culpa la debe tener el de allá arriba (y no me refiero a Dios) porque dicen que dejó el listón bien alto, tan alto tan alto...

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