jueves 2 de febrero de 2012
- Rascar la nevera de mi madre para prepararnos la cena (la pobre mujer trabaja por 700e en un sitio inmundo no, lo siguiente)
Una canción para terminar:
martes 20 de diciembre de 2011
Etiquetas: danza oriental, teatro
viernes 10 de junio de 2011
Soy de esas personas que aguarda su golpe de suerte. Golpe en el sentido de que te deje sin él por su potencia.
Sin dejar de soñar con un futuro mejor pero sin dejar de recordar el pasado, suelo llorar más por lo que perdí que por lo que pierdo.
Quisiera atrapar a la suerte y darle una buena tanda de azotes, por veleidosa, por fijarse en gente que hace más ruido que yo, por dejarme siempre las migas del banquete pero sé que debo portarme bien, y ponerle velas, y desearle suerte a la suerte.
Ella llegará un día, descalza y con el cabello suelto, y será toda mía. Amaré a esa suerte como ella seguramente no me vaya a amar, con entrega. La he estado esperando y he hecho méritos, estoy preparada. Sé lo que es la pérdida, conozco la decepción, la alegría de las pequeñas cosas. Ahora quiero que crezca todo y me engulla como el verde de la selva.
Mientras me encuentra, amaré a mi amor, afilaré mi pluma, besaré a mis amigos y prepararé nuestra cama. Para que no vuelva a marcharse sin llevarme dentro.
Etiquetas: suerte
martes 19 de abril de 2011
Quisiera ser tan sincera que todos me tuviesen miedo.
Sacar de mi cráneo fracturado por el tiempo, aquello que no me atrevo a decir y que me va congelando el alma, como un veneno, como se acumula la basura en las alcantarillas.
Hago breves abordajes a lo que yo considero la verdad, que no tiene ni mucho menos porque ser absoluta, y entonces, me miran con ojos acuosos del que daña por dañar, del que nombra el tabú. Y reculo. Retrocedo hasta mi guarida a mascullar verdades como puños que suelo meterme en la boca.
En mi familia la verdad es una sombra que transita, se percibe de reojo, no de frente.
Tengo amigos con los que jamás hablo de ciertas verdades que podrían destruirnos, por qué no me has llamado, por qué no me has escogido de entre ellos, a quién amas ahora, la vida sigue.
Daño sin querer y un poco poéticamente, dando forma de puñal a una verdad que sé cómo hundir hasta su base. Lo hago en la secreta venganza de quien dice y no espera ser escuchado.
Y me daño, me miro al espejo y me digo verdades en carne viva hasta que puedo ver cómo laten mis huesos. Soy una asesina de la verdad sin dueño.
Esto me condena a una penitencia que sólo yo comprendo. Pierdo gente, aparto, me apartan, se pudren.
Y escribo por si compongo el manual que me me enseñe a empuñar esta verdad sin dejar muertos a mi paso. Me saco el puñal del vientre y lo coloco ante tus ojos. No me digas que no lo ves, no me digas que no te salpica. Hasta la sangre puede limpiarse, hasta la sangre. Cómo no la verdad.



