jueves, 29 de marzo de 2012
Llorar por dentro es posible.
Manar como una corriente subterránea y agitarse la vida on the rocks.
Cuando cierro los ojos se abre una ventana. Deslumbrada.
He liberado a la otra yo que fui yo de unas cuantas capas en sombra, me quedo otras porque hasta Caperucita tiene que protegerse.
Reconocí a mi bestia, qué pena de bestia- me dije mientras lamía mi mano, la acuné como a un hijo y casi sin herirla, le indiqué el camino.
Veo venir a los otros, armados hasta los dientes, testaferros de su palabra y les muestro mi pecho desnudo. Ésta es la otra yo que fui yo que yo soy.
Qué placer cerrar heridas, perder el tiempo, seguir de frente. No.
Mírame: no.
Fuiste en mí, llave y respuesta, pasaste como el agua y yo soy río. Cantamos juntos, dormimos. Pasamos la vida.
GRACIAS.
Mírame: sí
Te quiero libre, a pleno pulmón, sobre las aguas.
Bienvenido a esta otra yo que fui yo, que yo soy que estoy siendo.
jueves, 2 de febrero de 2012
- Rascar la nevera de mi madre para prepararnos la cena (la pobre mujer trabaja por 700e en un sitio inmundo no, lo siguiente)
Una canción para terminar:
martes, 20 de diciembre de 2011
Etiquetas: danza oriental, teatro
viernes, 10 de junio de 2011
Soy de esas personas que aguarda su golpe de suerte. Golpe en el sentido de que te deje sin él por su potencia.
Sin dejar de soñar con un futuro mejor pero sin dejar de recordar el pasado, suelo llorar más por lo que perdí que por lo que pierdo.
Quisiera atrapar a la suerte y darle una buena tanda de azotes, por veleidosa, por fijarse en gente que hace más ruido que yo, por dejarme siempre las migas del banquete pero sé que debo portarme bien, y ponerle velas, y desearle suerte a la suerte.
Ella llegará un día, descalza y con el cabello suelto, y será toda mía. Amaré a esa suerte como ella seguramente no me vaya a amar, con entrega. La he estado esperando y he hecho méritos, estoy preparada. Sé lo que es la pérdida, conozco la decepción, la alegría de las pequeñas cosas. Ahora quiero que crezca todo y me engulla como el verde de la selva.
Mientras me encuentra, amaré a mi amor, afilaré mi pluma, besaré a mis amigos y prepararé nuestra cama. Para que no vuelva a marcharse sin llevarme dentro.
Etiquetas: suerte
martes, 19 de abril de 2011
Quisiera ser tan sincera que todos me tuviesen miedo.
Sacar de mi cráneo fracturado por el tiempo, aquello que no me atrevo a decir y que me va congelando el alma, como un veneno, como se acumula la basura en las alcantarillas.
Hago breves abordajes a lo que yo considero la verdad, que no tiene ni mucho menos porque ser absoluta, y entonces, me miran con ojos acuosos del que daña por dañar, del que nombra el tabú. Y reculo. Retrocedo hasta mi guarida a mascullar verdades como puños que suelo meterme en la boca.
En mi familia la verdad es una sombra que transita, se percibe de reojo, no de frente.
Tengo amigos con los que jamás hablo de ciertas verdades que podrían destruirnos, por qué no me has llamado, por qué no me has escogido de entre ellos, a quién amas ahora, la vida sigue.
Daño sin querer y un poco poéticamente, dando forma de puñal a una verdad que sé cómo hundir hasta su base. Lo hago en la secreta venganza de quien dice y no espera ser escuchado.
Y me daño, me miro al espejo y me digo verdades en carne viva hasta que puedo ver cómo laten mis huesos. Soy una asesina de la verdad sin dueño.
Esto me condena a una penitencia que sólo yo comprendo. Pierdo gente, aparto, me apartan, se pudren.
Y escribo por si compongo el manual que me me enseñe a empuñar esta verdad sin dejar muertos a mi paso. Me saco el puñal del vientre y lo coloco ante tus ojos. No me digas que no lo ves, no me digas que no te salpica. Hasta la sangre puede limpiarse, hasta la sangre. Cómo no la verdad.
jueves, 24 de febrero de 2011
De niña vivía con miedo.
Caminaba intentando no pesar, con los empeines hacia arriba y el cuerpo en tensión para no hacer ruido mientras, los tacones de mi madre resonaban en el adoquinado con un ritmo tan torpemente demoledor que hace poco, me lo tropecé en mis pisadas.
Las monjas nos solían sentar en orden alfabético en las aulas y mi apellido, Rubio, me colocaba en una posición de camuflaje que las buenas notas delataban. No quería oír mi nombre en la boca de la profesora, no quería salir a la pizarra, no quería que supieran de mí. En mi interior, una vocecilla me pedía que dejase de hacer, que me permitiera ahogarme en la inmensa mayoría
Sólo deseaba que me dejasen en paz. Tanta paz lleves como aquí dejas, dice el refrán.
A mí me dejaban miedo. Yo creo que nunca fui niña. Creo que siempre fui un mochuelo.
Aguardaba sobre mi rama, silente como un espectro, con los ojos fijos, inquieto corazón de ave anhelando su noche, su momento.
No sé cuándo pasé de ser una criatura que cantaba a todas horas, la típica atracción para adultos a una niña que callaba, la rara niña inexistente.
El miedo me transformó. No hay voz que no se quiebre con el miedo, ni cuerpo que no se encoja ante el peligro.
De adolescente, el miedo ya se había acomodado en mí. Se había adherido a mi piel como un plumaje suave y aislante. Me reventaba por dentro. Podías golpearme, no podías dejarme de querer.
Por ello, para evitar el NO, para que no valoraras a cualquiera por encima de mi mirada amarilla y redonda podía soportar el abuso, el manoseo del cuerpo, podía empatizar con mi primer amor, interesado en usar mis sentimientos como vendaje para sus carencias.
Y seguía sintiendo miedo. Miedo a que me miren, miedo a que no me miren y dejar de existir, miedo al contacto o al excesivo contacto que borre mis huellas dactilares. Miedo a no ser lo suficientemente buena en nada ni tan genial en algo que pase por desquiciada.
Miedo a comenzar a querer y a dejar de querer.
Hace poco más de un año, mi amiga Vanesa me preguntó qué sucedería si perdiese el miedo. Qué ocuparía su lugar. Y reí, reí ante la obviedad más obvia. Lo llenaría yo, quise decirle; no sé, sólo le dije.
Algo me hizo click y desencadenó mi ruptura.
viernes, 11 de febrero de 2011
Si tú no me quieres no podré seguir.
Tienes que ver en mí todo lo bueno que atesoro.
Háblame de tus sueños, de tus miedos, de lo que te ha gustado esta película... escucho atentamente, tanto, que pierdo un autobús, dos, cien hasta que se me olvida que he de levantarme de nuevo en pocas horas.
Toma mis canciones, toma esta canción, que a partir de ahora será tuya, o quizás un poco de nosotros (aunque no lo sepas) cada vez que la escuche entraré en un trance hipnótico del que será casi imposible rescatarme para la vida real.
¿Oyes? es el sonido de mi corazón al galope porque no podía permitirme llegar tarde, ni despeinada, ni con un gramo menos de maquillaje.
Te regalo mis horas, horas suspendidas en un recuerdo y en una consulta permanente a mi email por si me necesitas, por si recuerdas a su vez, en el instante exacto en que me pregunto cuántas veces has pensado en mí.
Coge mis secretos, ábrelos como una caja de música y me descubrirás dando vueltas sobre la puntera de raso con los labios cada vez más fruncidos y la mueca un poco más severa.
A cambio, no me llamarás ni aunque escriba en mi estado que voy a quitarme la vida, tendrás luego una palabra de consuelo para la pérdida, una palabra reciclada que bien podría aplicarse al calentamiento global o a la muerte de Michael Jackson. Me darás un abrazo y dejarás un hueco horadado entre mi vientre y mi voz.
Y no habrá queja porque no podría soportar tu rechazo, acaso una palabras furibundas, una borrachera improvisada con amigos del alma, un mensaje inapropiado a las horas en que los gatos saltan.
Morderé mi propia lengua e iré muriendo, lenta, lentamente con el veneno del amor propio.
Y un día, sin pensarlo demasiado, sonará esa canción regalada y se me anudarán las lágrimas por fin. Escribiré una líneas para cerrar la caja de mis secretos y la canción será a cada segundo, menos nuestra y mucho más mía.
http://www.youtube.com/watch?v=Q-d2T7K6rGI&feature=fvst
Etiquetas: cosas que pasan de vez en cuando, Laura, pasado
miércoles, 26 de enero de 2011
Cuando los brazos no alcanzan ¿cómo abrazar?
cuando la boca se seca ¿cómo besar?
si el tiempo corre a la velocidad de la luz en lo que vierto una lágrima pero divaga en mi ansiedad cuando espero ¿qué debo creer?
Bebemos de la ignorancia, nos comemos los unos a los otros. Tu puño me hace más fuerte, tu pie más veloz.
Cuando desconfío solamente estoy abriendo los ojos a la realidad.
La única esperanza es tirar hacia delante y ya lo iremos viendo.
Cuando el tuerto guía al ciego, el loco al tuerto y dios al loco... Veo veo
¿qué ves?
Un grito desconchando las paredes.
martes, 18 de enero de 2011
Hay días que las fotografías hablan y dicen con voz de trueno que se pierde la vida.
Descubro restos de mis huellas en un pasado que ya nadie recuerda y siento aquello del naúfrago cuando empieza a delirar.
Y yo que siempre creí que lo bueno tenía que llegar
yo que desvirtué el instante en pos de lo siguiente, siento el miedo mirarme de frente mientras me sostiene la barbilla y babea, babea en mis pies.
Para tocar la luna hay que saltar tanto que a veces, prefiero cobijarme a la sombra de una piedra y convertirme en piedra como se convierten los muertos.
Cómo duele la esperanza, cómo escuece el mordisco del recuerdo, no es anhelo porque no volvería, no es deseo porque no sé bien lo que deseo. Es el estrujarme las manos en tu chaqueta, el perderme entre cientos de cajas con mi nombre y que me protejas o no, yo puedo sola. Entonces... por qué?
jueves, 13 de enero de 2011
No sé si hablo alto aunque espero hablar claro. Clara agua que caiga desde lo alto, alto árbol con la claridad expandida en su copa.
La voz a veces se me atasca en un punto inexacto entre el ombligo y la boca, sube en columna de humo y choca contra el techo de mi cráneo.
Durante la colisión, los ojos se me llenan de agua y flotan en la culpa. Maldita educación aprendida, malditos valores desvirtuados.
Y de repente, como Pinocho emergiendo del vientre de la ballena, descubro un retazo de luz y nado hacia ella, ansiosa y exhausta.
Espero tener voz suficiente para decir lo que quiero decir cuando debo decirlo.
Gritar: ¡Basta! ante las mentiras, susurrar sin que se me altere el pulso: me has decepcionado. Decir: me aburres, me saturas, se acabó. No mereces.
Decir: te quiero y: ya no te quiero, a quien lo merezca oir.
Pronunciar un nombre, tu nombre, con la luz encendida y seguir pronunciándolo una vez que se haya apagado.
Y en la espera, recoger.
Qué exigente me hacen sentir quienes no saben dar o dan una dosis mínima para que no puedas echarles en cara su desaparición.
Qué voraz me pueden retratar ante lo que me pertenece, lo que me gano día tras día.
No he comenzado el año deseando dejar el tabaco ni abandonar los dulces, ni siquiera he sido consciente de que hubiera un comienzo. Sólo quiero "ser capaz".
Y desatarme las manos de esta bondad autoimpuesta y pegarle una patada en el culo a las maneras blandas.
Capaz de "a lo mejor" no. Corrijo, sólo quiero Ser.
martes, 21 de diciembre de 2010
Aquella mañana en cuanto abrió los ojos descubrió un techo sobre sí.
Un techo blanco, ligeramente agrietado, de donde una vez pendió un móvil de estrellas.
Miraba un techo, su techo, porque hasta donde la memoria alcanzaba los despertares nacían con una respiración rota y un arrojarse al fango.
Podría deambular por la cornisa de escayola, podría prescindir de su cuerpo el tiempo que le viniese en gana. Sin prisa. Inmóvil como una salamandra de hielo, vibrando en ese parpadeo del amanecer cuando exuda una única lágrima, el llanto por el nuevo día.
Quiere abrir la boca y sacar por ella la cucaracha que durante toda la noche, ha pataleado en su cerebro. Desde la garganta no se hace la luz, ni en los ojos, fijos aún en la vertical. Ni por la nariz, ni por los oídos. Y el bicho arriba y abajo, arriba y abajo.
Y echa a caminar, el cuerpo se queda atrapado entre el colchón y la montaña de ropa. Recorre la habitación igualmente hacia el espejo de la cómoda. Puede que ante el cristal la cucaracha encuentre salida. Y descubre su imagen incorpórea atravesando con la mirada. Ojos que le pertenecen, bocanada de tierra. Alguien conocido frente al espejo, similar a quien un día fue, cuyo rostro sonríe en un marco de madera, desde una imagen en la red social.
Hace una eternidad que no contempla esos rasgos propios, han variado de los ojos verdes a los oscuros, un hoyuelo en la barbilla o un lunar en el labio. En otros, siempre en los otros. Tarareando entre los dientes una melodía de la que se apropió aquella noche insomne, desviando la percepción de un recuerdo ajeno y una historia vivida por personas anónimas.
La noche anterior no había regresado a la busca. No abrió la pantalla jadeando como una perra a la sombra del mendrugo. Por una vez perdió la prisa por entregarlo todo. Y se quedó en la cama, mirando el techo, mientras de fondo sonaba un pitido tras otro, reclamos de veneno. Dosis minúsculas de ego.
Con la mano izquierda, la del corazón, se abre la boca hasta que cabe el puño; con la derecha se tapa los ojos. Tiene que sacar aquello que corre.
El techo, la cama, el cuerpo enguiñapado, el espejo, la habitación entera gira en bucle.
Ya con la punta de los dedos lo atrapa y lo va extrayendo lentamente, arrastrando en su salida restos de carne. Apenas parece moverse a la luz, se contorsiona extático.
Tiene que enfrentarlo.
Se descubre y lo descubre...
Eras tú. ¿Quién demonios eres ahora tú?
Etiquetas: cosas que pasan de vez en cuando
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Hallé una caja con diarios desde mi infancia a la juventud,
el del 99 es un canto a un amor que me hirió profundo aunque no sé si fue consciente.
Demasiada sensibilidad encerrada en una voz de poeta.
Lástima que me valoren más cuando ya me han perdido.
Hoy me valen estas palabras para más de una persona.
"Me cansé de esperarte, de creer que por fin mañana saldría el sol.
Me cansé de nombrarte una y otra vez,conjurándote como un ánima para descubrirte en la niebla.
Se cerraron mis puertas una por una, a medida que escogías los silencios como afiladas cuchillas envenenadas.
Se me agotaron los pasos hasta tu ventana donde te hacías poderoso en aparente fragilidad.
Cierro los párpados y sigues sonriendo, callado, arañándome por dentro. Me cansé de acariciarte en un mundo que te negaste a compartir por miedo.
No puedo, no debo, miles de NO con miles de verbos como candados.
Me cansé de vivir pero soy tan cobarde que hasta la muerte me da la espalda y me posee una soledad despiadada que llega gritando tu nombre.
¿Dónde iran a caer tus palabras cuando ya no te escuche?
Dímelo. Callas."
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Te miro y veo a alguien inteligente.
Te miro a ti y veo a alguien con tesón o a ti, que eres capaz de sacarle una sonrisa a una máscara de la tragedia.
Descubro tus pequeñas maneras removiendo el té y me gustaría adquirir esa fluidez en los gestos.
Escucho tus palabras y se me convierten en un mantra complejo.
Contemplo cómo te mueves entre los coches o sobre el parqué y empiezo a creer en vida extraterrestre.
Aprendo historias de tu infancia, anécdotas de aquel día cuando te dieron una sorpresa y deseo esa vida para mí, esa alegría secreta.
Descubro las líneas de tu mano, por ellas camino, adentrándome en un futuro precioso por el que tal vez me extravíe.
Te escucho cantar, tocar el piano, pronunciar el verso, salir de tu trabajo estable o recorrer el mundo en un coche alquilado. Todo me deslumbra, todo lo quiero para mí y lo quiero desde dentro.
Para conseguirlo abriré puertas, derribaré muros, trabajaré de forma incansable para demostrarte a ti, que soy merecedora de ello.
Qué tristeza de mérito cuando el anhelo se respira fuera, qué tristeza ahogar mi vida en lo que hagas o dejes de hacer mientras me das o no, migas de pan.
Y ha llegado la crisis en letras de molde. Con una grieta sangrante en lo más hondo.
No creas que esto ya lo has visto, por fin es diferente y terrible.
Lo que vaya a ser desde ahora, sólo me afecta a mí. Y desde aquí manará el agua.
Etiquetas: cambios
viernes, 8 de octubre de 2010
Hace una semana que me propuse escribir sobre la felicidad.
Reconozco que mis últimos post han estado cargados de un tinte fatalista; a veces, la línea entre la tristeza real y la tristeza ficcionada se funde pero es tristeza al fin de al cabo, y la siento igual.
Pues bien, he estado dilatando esta entrada porque no encontraba algo feliz sobre lo que escribir. Nos pasamos la vida aguardando el milagro del cielo que nos recubra de gracia. Y no llega o cuando llega pasa de largo dejando una estela, eso sí, de melancolía.
En esta etapa de mi vida, etapa dura qué duda cabe, he descubierto y encontrado a gente realmente especial. Puede que antes no les prestase la atención adecuada o creyendo en eso de que todo llega en su momento, aún no hubiese llegado nuestro momento. Quienes se fueron siguen camino y llevan mi amor con ellos, quienes entraron, bienvenidos sean, aunque no siempre esté a su altura.
En estos largos meses he emprendido un proyecto que me ilusiona, con bailarinas que admiro y de la que estoy aprendiendo que con fe y constancia cualquier idea puede convertirse en realidad.
Mi yo teatral ha llorado al finalizar Bruckner y ha reído porque se lo entregaba a mi pequeña familia, mis peoresdetodas. Se sacó también, unas manzanas del bolso y aunque estaban podridas, supo cumplir una promesa que aguardaba en el cabecero de su cama.
He sido valiente y cobarde con miles de canciones en la punta de la lengua, dispuestas al olvido y a los comienzos.
He viajado a sitios hermosos, he vuelto a lugares que debía mirar con los ojos de esta madurez recién hallada.
He dormido con mujeres tan cercanas a mí que lograron hacerme sentir parte de ellas.
He mentido por miedo.
He querido amar.
He amado y quizás logré desamar lo amado.
He mentido para que me amaran y he descubierto que no sirve de nada, que el viento sabe filtrarse en nuestras fisuras más profundas y sólo aflora lo que realmente vale la pena.
He empezado a perdonarme.
Me he mirado al espejo y he dicho: Bueno.
He logrado abrazar a personas que no conocían el abrazo.
He bebido vino desprovisto de pecado.
He mirado a los ojos a mi mayor monstruo y me pareció un tipo viejo y calvo.
Me han besado en medio de una calle, sin atender al tráfico ni a la noche.
He cantado canciones en la ducha y sentada en el borde de la acera.
Me han besado en lo alto de un cerro donde sólo nos quedaba el infinito.
He comenzado a recordar en vez de morir de añoranza.
Estoy empezando a creer en las promesas.
Protejo lo que creo valioso, procuro darme en cuanto soy.
Parece que cuando escribo sobre la felicidad sólo sé dar las gracias; me gusta compartirlo con vosotros.
Hoy, a estas horas, con este traje recién estrenado soy algo feliz. Y me pongo colorada. Será la falta de costumbre, el vértigo de lo que me espera ahí, entre la puerta y el gato.
Etiquetas: Laura
lunes, 4 de octubre de 2010
Miedo
Miedo a perderme en mi cabeza, en la maraña de mis ilusiones.
Miedo a coger el teléfono, a abrir los emails, miedo a abrir la puerta por si acude el lobo feroz.
Miedo a aceptar de una vez por todas, que el camino que creí despejado no es más que un sendero repleto de trampas. Miedo a aceptar que caigo en todas y cada una de ellas.
Dañarme es tan sencillo como abrir un bote de mermelada. Uno cree no poseer la fuerza necesaria para hacerlo y de un simple giro de muñeca, quedo expuesta. Lo escribo en estas líneas para espantar a la bestia en forma de miedo.
Miro por la ventana. A través de mí a veces la luz se funde.
Me pregunto cuánto tiempo se puede seguir así.
Y siento miedo.
No hay de qué.
Lo hay de todo.
Alguien volcó mis vísceras en una copa de plata. Aquello sucedió hace una eternidad pero me dejó herida. Cada vez que avanzo dos pasos, uno retrocedo y uno me hunde. No es lamento, es dolor.
Y contra lo subterráneo no poseo una escala, ni de voz ni de color ni de cuerda.
Cuánto tiempo queda hasta convertirme en polvo. No, no quieres que me rinda.
Abro las manos. Dejo caer los brazos, cansados de sujetar las ganas. Sonreiré, tal vez me queje un poco, tomaremos café juntos, creerás que es una mala etapa en mi brillante porvenir y no te enterarás de nada. No penetrarás en mi miedo.
Mejor así.
Podrías desaparecer conmigo. Justo donde anida la luz perdida.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Se ha acabado el verano.
Ha terminado una etapa de mi vida, un año más.
Escucho canciones en bucle. Me quedo atrapada.
Intento hacer lo correcto y siempre tengo la sensación de equivocarme. No nos enseñan a perdonarnos, a darnos margen para el error o la duda.
He escogido este camino como Edipo después de matar a su padre. Adelante, siempre adelante, sin pasado no hay temor- escribía en Bruckner. Pero Layo vuelve convertido en fantasma y me golpea en el corazón como si fuese una piñata. Sangro.
Soy la mejor de los peores, y la peor de los mejores. Nada más. De ahí que algunos crean admirarme. Están equivocados, deslumbrados con el reflejo de lo que proyectan en mí. No es real. Soy un falso rey con el pecado del incesto en la boca.
Sólo cuando a mi alrededor he extendido la peste, cuando quienes me amaron perdieron la vida y quienes me aman se han contagiado, he de asimilar que esta corona no me pertenece, no la merezco. Ni siquiera es de oro, me la regalaron en un burger por conservar el aspecto infantil.
Mi reino no es de este mundo, ni de otro. No tengo reino. No tengo nada. Y lloriqueo lastimera, para que me digan - no es para tanto- y odie esas palabras.
El puto Tiresias me vaticinó que algo así sucedería, que nada sería suficiente porque ése es mi castigo aunque ¿cómo se puede tener bastante de nada?
Tendré que arrancarme los ojos.
Sí, tengo que cegarme.
Etiquetas: Laura
domingo, 19 de septiembre de 2010
No sé para qué escribo, si para que me lean o para dejar fuera de mí algunas palabras que me impiden seguir respirando.
Me he acostumbrado a refugiarme en las metáforas. Si no me entiendes te ofrezco una como quien ofrece el pan. Y espero que lo muerdas, deseo que lo muerdas, ya que no fui capaz de alcanzarte de otro modo.
A veces preferiría expresarme con facilidad, solucionarlo de una vez y continuar viviendo. Parece fascinante eso de: escribo. Y la gente dice: Oh, qué divertido, yo antes escribía mucho, yo una vez deje a medias una novela que algún día retomaré. Y no me siento identificada, es más, me suele importar un carajo. Ni siquiera pienso en la calidad de ese material porque suele ser producto de la manera o de los años.
Antes escribía mucho, más que ahora, nunca empecé una novela y cuando tecleo furiosamente en mi portátil o garabateo en mis cientos de cuadernos rayados lo hago porque no soy capaz de otra cosa sino, sería mucho más lúdica y seguramente, más promiscua.
Aún no he escrito por encargo económicamente satisfactorio; cierto que he escrito para alguien pero desde mí. En el acto de escribir reside un egoísmo terrible que supera las modas y las peticiones.
Lo escribo yo y ya valoramos qué hacer con ello o si decido mandarlo a la mierda.
Imagino que con un productor y/o editor las reglas cambian. No tengo ni idea ni viene al caso.
Me han preguntado alguna vez por qué escribo. Yo no suelo preguntar por qué eres diestro o por qué te gusta la sopa con mucha sal. Tampoco por qué tienes los ojos azules, -por mi padre- podría decirme más de uno. Desde luego, yo no escribo por mi padre (quizás sí contra él, en un intento desaforado de matarlo bien muerto) aunque podría haberme dado por decapitar hormigas o vender seguros para lucrarme. Ser millonaria sería una excelente venganza familiar.
Escribir no. Escribir te vuelve extraña a ojos de los demás. Quienes con suerte, creen que leyéndote (o viendo tus obras) te reconocen un poco tienden a justificarte; cuando no lo hacen, directamente se amplía el vacío porque no sé llenarlo de palabras pronunciadas porque si son escritas dejan de ser puras.
Es el juego de la terrible contradicción, de la enajenación permanente con la que se puede convivir, se puede hacer la compra.
No, no voy a ir por este blog de artista atormentada.
Puedo seguir viviendo y respirar peor; como lo de usar sólo una parte del cerebro, las acciones siguen siendo similares a las del resto del mundo.
Uso menos mis pulmones mas sigo respirando para no estar muerta; respiro peor si no escribo, así de simple. Se me queda encallado en la boca del estómago el mendrugo de pan que quise extenderte y no me atreví.
Me pregunto por qué demonios me ha dado por esto, con la de oficios útiles que existen, me agredo si hace algún tiempo que no escribo (de ahí la urgencia de este texto) releo páginas viejas y me parecen pura bazofia, si alguien me da la enhorabuena, me saca los colores mientras pienso: -no tienes ni puta idea, relee a faulkner- si estoy tomando una cerveza y he dejado un conflicto a medias busco cómo solucionarlo y rezo para que no regrese la duda en medio de un polvo, si he acabado una obra tiemblo con el punto y final. Si no la he acabado temo que dure más que el Señor de los anillos. Se me revuelven las tripas hasta el vómito cuando tropiezo con piezas ajenas que no cuentan nada, no pretenden contar nada y no van a contar nada para nadie, y cuando hablo de contar no me refiero al argumento sino a la propia nada ideológica (que no política) se me vuelven a revolver las tripas cuando asisto a éxitos comerciales cuyo mecanismo admiro en el otro extremo de mi polaridad.
Me mancho de tinta y de sangre ante todo lo que me queda por leer y aprender. Asco, rabia, alegría e inquietud a toneladas.
Dicen: mola dedicarse a la escritura. Y me pregunto cómo se siente un maniquí en el escaparate de una tienda de barrio obrero.
Ni siquiera sé a qué venían estas palabras.
Y menos hoy con el cuerpo presente de Labordeta en las noticias. Voy a justificarme, en definitiva es lo único que se me da realmente bien, con la idea de que fue un hombre ideológicamente libre.
Yo quiero ser libre.
En mi propia jaula de oro, con esa llave que hace tiempo me tragué.
Libre.
Libre para escribir: escribo. Libre para no tener que dejar de hacerlo.
Y respirar.
Etiquetas: Laura
domingo, 5 de septiembre de 2010
Tengo una tendencia innata a meterme en líos. Y me plantearon un reto inalcanzable y allí que me lancé, arrastrando conmigo a aquellos incautos que se han querido fiar.
AGUA ha nacido como un compendio de emociones y deseos. También ha sido hijo del esfuerzo. Nos hemos medido las ganas. Y hemos tenido de todo: lágrimas, risas, algún grito...
Queda mucho trabajo por delante, muchísimo. La escena es una amante muy cara que no sólo hay que mantener, hay que darle muestras de afecto continuo, darle placer y escuchar sus necesidades. Sino enseguida se muestra caprichosa y se busca a otro.
AÚN NOS QUEDA EL 10 DE SEPTIEMBRE.
Hasta entonces quiero agradecer:
- A Elena, por ser la madre espiritual de todas nosotras y por su magia, no sólo en escena.
- A mis chicas, Devadasis, por bailar tan bonito y por unirse al proyecto con fe.
- A Jorge por sus manos, su ritmo y su sonrisa permanente.
- A Laura Lázaro, por estar en todo, a la luz, al sonido y lo más importante, a la parte humana.
- A Carlos Ceña, por memorizar, por dar eso en escena y por darlo fuera de escena.
- A Roberto, por llamarme para el embolao y encima, venir a vernos!
- A María por su voz sugerente y su capacidad para decir lo acertado en el momento justo.
- A Beatriz Galán, devadasi y fantástica fotógrafa.
- A Carlos por aguantar mis neuras con tanta paz, y pasarse una tarde entera dando vueltas a una foto para crear ese cartel maravilloso.
- A Anita del Arco, por venirse un lunes a templar mi histeria coreográfica y darme un punto de partida tan potente.
- A Fernando Epelde, por aportarme sus ideas, su apoyo y casi, su presencia en escena.
A todos aquellos que vinieron, a los que no vinieron pero vendrán, a los que sé que están conmigo aunque no puedan venir.
Este AGUA ES PARA TODOS:
domingo, 29 de agosto de 2010
domingo, 1 de agosto de 2010
He atravesado el desierto en un carromato destartalado, del que penden objetos que ya no uso y palabras que almacené.
He cruzado medio país persiguiendo un sueño que unos pocos me vendieron y, que por poco, decidí adquirir.
No sé lo que realmente les ha traído hasta aquí, tampoco me interesa, cada uno de nosotros tiene que luchar contra su propio agotamiento y contra el miedo a no alcanzar su objetivo.
Y bajo al río.
Me sumerjo hasta la cintura en el lodo, bajo un sol que me recuerda que todo está por encima.
Comienza la búsqueda.
Confío en que la corriente sepa limpiar lo que se filtra en el cedazo. El agua arrastrará las impurezas y hará brillar mi deseo. Este río desliza consigo mil siglos o tal vez, nunca haya sido el mismo.
Tampoco yo soy la misma desde aquella decisión. Hubo que arriesgarse y no fue mi vida lo que se ponía en juego; dejaba atrás una casa, una cena caliente, una cama compartida y una espera. Otra vida.
Quiebro las alas al sueño de mis padres. Ya nunca más seré lo que se debía ser.
Y eché a rodar por los caminos tras un sueño. El sueño del oro. Ése por el cuál podríamos matar y morir, ése que nos parecía mágico desde la oscuridad de la alcoba y que, tan duro parece cuando no llegamos, todavía, a alcanzarlo.
Anhelamos lo ausente. Despreciamos lo seguro- pienso tras todo el día mascullando recuerdos como arena húmeda.
Mi reino por una pepita, todos mis sentidos al servicio de un destello que apretar en el puño cuando se ponga el sol.
Puede tratarse de una micra, menos que un beso, el equivalente a una mirada de ternura o poco más que una caricia robada. Yo no quiero robar, quiero encontrar.
Los hombres cantan a lo que no tienen, beben por lo que perdieron.
Yo no sé cantar y bebo menos de lo que perdí.
Algo brilla entre los restos del día, algo minúsculo, oculto. Debo entornar los ojos para percibir su contorno. ¿Una palabra de amor? Parece un "ya lo sabes, no hace falta que te lo diga" tal vez, se trate de un dar por hecho. Desconozco su valor; otros habrán de tasármelo en su justa medida sin la emoción del hallazgo, sin el cansancio acumulado. Me dirán: tranquila, pequeña, no es para tanto. Y diré: es mío, me ha llevado media vida llegar hasta aquí.
Y reirán porque lo que he encontrado ni siquiera podría engarzármelo en el pecho. Mío, mío, mío. Mío para mí.
No he venido a hacerme rica, aún no me ha poseído la fiebre del oro que ciega a los buscadores y les borra la ilusión de la memoria. Aún no se me ha inflamado el cerebro, solamente la piel.
Busco porque nunca me gustó esperar.
Cuentan que existen pepitas que abren todas las puertas, que derriban los muros más altos. Se cuenta que tienen el tamaño de un huevo de avestruz, como el corazón de un hombre.
¿Habrá pepitas como el corazón de una mujer? ¿Podré entonces ocupar su hueco con ella?
Busco.
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